Queda todavía en algún pliegue del tiempo, los suspiros húmedos y el aliento entrecortado. Pradera diáfana atrapada en otro amanecer. Aroma de pucheros invernales que convocaban a la ternura del plato compartido, para apurar ese otro placer de la saliva urgente, y las palabras que no se pronuncian pero que se hacen carne en el amor.
Un suspiro ahogado sepultando el grito que nos salvara. Para que yo pudiera decir quedate, para que me dijeras no me marcho.
Y sin embargo este tiempo que nos toca vivir es sólo este tiempo, no el recuerdo del hubiese dicho, el hubiese gritado que nos da la lejanía.
Este tiempo es nuestro tiempo, de dudas, de rencores. Del adiós sin vueltas del vacío sin esperanzas.
Beatriz Fernández Vila
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